jueves, 27 de diciembre de 2007

para una voz grave

Malditos los que interpreten en este pedazo de papel una visión negativa de lo que los rodea.

El tedio abruma mi vida. Día a día.

Me he vuelto un espectro autofago que mira a su alrededor y solo ve mentes vacías de pensamientos claros. ¿A caso no ven lo erróneos que son sus actos? Debe ser que no han escuchado lo que dicen sus voces. O quizás estas han muerto y no lo han notado. Todo puede desvanecerse a sus alrededores y es seguro que nunca se darían cuenta.

Mírenme y conozcan a un hombre que ni siquiera puede llamarse hombre.

Mírenme y deleiten sus morbosos ojos con la desdicha de un ser aburrido de nadar en la vacuidad de sus pensamientos.

Mírenme y sientan lo que es estar muerto, pero erguido.

Es una pena no poder verme a mi mismo sin sentirme una bazofia, un parásito junta-hongos de la barba del arcaico-activo sistema. Pena me da aquel que niegue haberse sentido así. ¿Qué digo? No podría sentir pena por alguien tan cínico.

Ira si.

Algún día, no muy lejano espero, los cuervos que hoy me guían, saciarán mi ego y sus ambiciosas vísceras devorando este traje de abono que me dieron al nacer.

Esta cólera que no me deja descansar es digna de valer, aunque sea dos minutos de lectura.

Esta cólera que me desvela cada crepúsculo hasta el alba.

Esta cólera, más bien diarrea de sentimientos, merece ser contemplada solo por aquel que puede ver y denotar.

Ciclo mundano el de la vida.

Puedo hasta sentir que no la tengo de a ratos, casi siempre.

No vuelan hoy, mis hermanos, los cuervos; es que de momento, alto con su olfato delicado, luce su envergadura el más grande de mis temores: el buitre.

Llamémosle buitre a un fenómeno desconocido por nuestros nervios. Como por ejemplo la muerte.

Desde mi sádico asiento de espectador sensitivo, puedo hablarles de lo que para mi significa esta palabra tan vulgarizada y mal interpretada.

A menudo se tergiversan los distintos conceptos de muerte. Hablo de conceptos porque tengo más de un significado para dicho vocablo.

Ni bien entre en razón de los que me rodeaba, a los seis o cinco años, descubrí que no todo lo que respiraba lo haría por siempre. Luego de jugar con una mascota mía haciéndola rebotar contra la pared. Su cuerpo no soporto más de una tarde. He aquí mi primer idea de muerte, que hoy sigue en mi caudal de significados, concepto, como Uds. quieran llamarlo.

Dulce gatito, pequeño felino: ¿Fuiste pelota antes de ser domesticado?

Dulce gatito, diminuto gatuno ¿Soportaste tanto dolor solo por verme sonreír?

No creo que hayas podido pensar en eso.

Entrando en mis años de dolencia natural descubrí lo que conformaría la segunda interpretación.

Tuve la suerte de conocer a una persona que se ahogaba es sus artimañas para conseguir que le dieran la razón. Lo crucifique con los ojos y forme un arquetipo; un mitómano.

Mira a su alrededor y solo ve niños- piensa que puede engatusarlos-.

Presiente la duda en la mente ajena.

Lo peor… El cree en si mismo.

Mas adelante me cruce con un ser que había encontrado en si mismo la posibilidad de crear algo definitivo. Había encontrado en sus capacidades una que le permitía aniquilar al prójimo. Luego de comprobar que estaba diciendo la verdad, escuche su relato como interesado y arme otro arquetipo: el del “complejo de Dios”.

Degustando los nervios del que haya pecado o violado las leyes de su antiutopía. Autoritario.

Siente placer al hacerlo. No por sadismo, sino por aquel sabor que brinda la ley bien impuesta, al juez de ningún lugar… quien sorbe de todos los patíbulos.

El tercero soy yo.

Mucho que contarles de mis errores no puedo… pues no los tengo.

Siempre digo la verdad.

No me creo mitómano…

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