Sobre la imagen de un hombre destruido por la humillación no
se puede proyectar nada más
superfluo que su divina simpleza. La sola esencia de su naturaleza
implica una totalidad de
conceptos inexplicables e ininteligibles para cualquier ser ajeno a si mismo.
La naturalización del hombre urbano no es más que una falacia.
Una vez que el individuo,
que hasta entonces había llevado una vida social o solitaria,
se sumerge en tal jungla de
peligros inminentes y mutaciones nerviosas, pierde la virginidad
que la soledad protege y
se aleja del humano sensible a lo efímero y sensacional del instinto.
El hermeticismo es una herramienta esencial para aislar los
pensamientos propios de las
invasivas propuestas racionales ajenas. Aplicándolo moderadamente
en la vida cotidiana ganamos
privacidad conceptual, pero perdemos credibilidad social.
humano a la básica conducta
animal. Hay una brecha más corta de lo que se tolera y mucho más
corta que la que se percibe entre
el accionar del hombre conciente y el que se rige por el moralizado
concepto de razón. Tan corta es que,
distinguir, se hace imposible para uno mismo.
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